Submitted by ramiro on November 14, 2007 - 4:28am.
DOLOR HUMANO Y VITALIDAD
(Tomado del número correspondiente al 5 de Marzo de 2007 del Sunday Telegraph, de N.Y.)
Hace, aproximadamente, 30 años, tuve mi primer ataque de pánico. Alumno aplicado y de razonable éxito, pronto me encontré luchando para ser capaz de dar una clase, hablar por teléfono o utilizar un ascensor. Exteriormente, yo parecía tranquilo pero, por dentro, me sentía morir. Literalmente. Sentado a solas en un banco del parque, mi corazón latía a 165 pulsaciones por minuto mientras yo luchaba en mi batalla, no frente a un desafío físico que necesitara tal flujo sanguíneo, sino contra la maquinara verbal situada entre mis orejas.
Algunas de mis experiencias en la cumbre de aquella lucha me parecen ahora tan extrañas que sólo con dificultad puedo recordar la clase de pensamientos que originaban aquello. Comentaré uno, aún cuando sé que para muchos puede parecer incomprensible. Una azafata de vuelo se encontraba en la parte delantera del avión explicando cómo utilizar los cinturones de seguridad. Yo observaba con una sensación de asombro e incredulidad, como se podría observar una proeza atlética durante las Olimpiadas. Recuerdo pasárseme por la cabeza “¡¿cómo puede esta mujer estar haciendo eso sin sentirse totalmente aterrada?! ¡Tiene que estar ahí, diciendo esas cosas concretas y tienen que estar ahí, delante en un avión lleno de gente!”
Cada cual compara su interior con el interior de los demás y nuestra imagen de la condición humana siempre queda distorsionada como resultado. Esa diferencia es lo que nos hace creer que tenemos derecho de nacimiento a estar psicológicamente saludables, felices y despreocupados –y que "sentirse bien" es la medida de una vida “bien vivida”. Intereses comerciales están también encantados de contribuir a esta visión, asegurándonos que estaremos más cerca de ese objetivo a través del coche adecuado, la vivienda o las vacaciones ideales. La industria farmacéutica nos proporcionará la píldora adecuada, los medios de comunicación la última terapia para “sentirse bien” y el bar local, dos cosas: la cerveza perfecta y el lugar idóneo para encontrar a nuestra pareja ideal. Aparentemente, sólo las personas “anormales” sufren.
El exterior de los otros proporciona sólo una evidencia superficial sobre la validez de este punto de vista. Pero ¿y si cada uno tuviera su secreto? ¿Y si lo gracioso fuera que todos tuviéramos el mismo?
Lo cierto es que casi toda la gente sufre en algún momento de su vida buena parte del tiempo. Es difícil ser totalmente humano. Casi todos lucharán y sufrirán y encontrar métodos fáciles para sentirse bien tiene poco que ver con llevar una vida significativa, valiosa y vital.
Cualquiera que lea las publicaciones populares, independientemente de lo voluminosa que pueda ser la literatura científica sobre este tema, probablemente entienda que los problemas humanos son omnipresentes en el mundo desarrollado. Pocos, sin embargo, parecen hacer frente a las implicaciones de tales estadísticas consideradas en su conjunto. Más del 30% tendrá algún desorden psiquiátrico a lo largo de su vida. Cerca del 50% tendrá que luchar contra ideas de suicidio durante dos semanas o más. Las tasas de divorcio alcanzan niveles semejantes y los segundos matrimonios no resultan mejor que los primeros, y las relaciones que permanecen, a menudo están empobrecidas o vacías. Si añadimos las tasas de abuso emocional o físico, los problemas sexuales, la soledad, el ‘burnout’, problemas con los niños, u otros 100 problemas semejantes, tenemos que considerar la posibilidad de que el dolor humano es casi universal. En efecto, es anormal ser ‘normal’. La ñoñería de la moderna “sentirsebienitis” es, sencillamente, falsa.
Ese fue mi punto de partida hace 25 años. Incapaz de controlar mi ansiedad, hundiéndome cada vez más en mis desórdenes de pánico mientras trataba de conseguir ese control, empecé a explorar cómo sería aproximarme a aquello contra lo que estaba luchando y evitando con tanta fuerza. Empecé a investigar si mis enemigos serían los elementos emocionales o cognitivos, o la propia lucha en sí misma
Ahora sabemos que una de las cosas más patológicas que puede hacer un ser humano es tratar de evitar sus propios pensamientos y sentimientos y asociar sus conductas abiertas a este intento de evitación. Investigadores como Frank Bond (Universidad de Londres) han descubierto que la inflexibilidad psicológica que resulta de tales esfuerzos produce malos resultados casi en cualquier lugar que miremos. Predice más ansiedad, depresión, preocupación y trauma. Debilita nuestra posibilidad de aprender cosas nuevas, de disfrutar del trabajo, de tener intimidad, o incrementa las posibilidades de una enfermedad física. Lance McCracken (Universidad de Bath) ha demostrado que esos procesos predicen más incapacidad aún debido al sufrimiento crónico que acumulan al dolor o a la herida en sí mismos.
Dirigida hacia fuera, la mente humana es altamente eficaz. Podemos predecir el futuro y recordar el pasado; podemos evaluar resultados basados en posibles cursos de acción imaginados. Han sido estas capacidades simbólicas de solución de problemas las que nos han conducido a dominar el planeta a pesar de ser débiles, lentos y vulnerables. Pero estas mismas habilidades también nos enredan en una lucha innecesaria con nuestros propios pensamientos y sentimientos.
Si no queremos tener polvo en el suelo, podemos pasar la aspiradora y el polvo habrá desaparecido. En cambio, si no queremos tener un recuerdo doloroso y tratamos de no pensar en él, lo estaremos situando más en el foco de nuestra atención, con mayor frecuencia y con mayor impacto. Si tememos una futura escasez de alimentos, podemos empezar a cultivar plantas con las que alimentarnos. Pero si a lo que tememos es al sufrimiento producido por un futuro ataque de pánico y tratamos de evitarlo, estaremos trayendo a nuestro presente ese sufrimiento imaginado y amplificando su papel en nuestra vida.
La mente humana, en efecto, se ha convertido en su propio dueño, simplemente dejándole hacer lo que hace normalmente pero en terrenos equivocados.
Pero esto no es necesario. Hemos desarrollado métodos para entrenar a la gente en alternativas saludables: aceptar los sentimientos y ser consciente de nuestros pensamientos sin discutir con ellos, centrándonos, en cambio, en el presente de una manera más plena y consciente, centrándonos en valores y emprendiendo hachones que nos muevan en esa dirección. Por ejemplo, si está presente el pensamiento “soy malo”, tratar de combatirlo sólo nos confirma que hay algo inaceptable para nosotros. En nuestra aproximación, podríamos –por ejemplo- decir en voz alta “malo” cien veces o ponerle música a ese pensamiento o imprimirlo en una camiseta y llevarla puesta, o formularlo con la voz de nuestro político menos simpático. Como en la película “Una mente maravillosa”, este pensamiento debilitado se puede convertir de buena gana en acciones valiosas tales como convertirse en una persona amable o colaborar con los demás.
Investigaciones controladas muestras que estos métodos son útiles en áreas tan diversas como la ansiedad, ‘burnout’ manejo de la diabetes, fumar, dolor y depresiones entre otras severas. Me refiero a estos conceptos y técnicas en “Get Out fo Your Mind and Into Your Life” (New Harbinger, 2005) que fue el número uno de ventas en libros de auto ayuda la semana pasada en los Estados Unidos en Amazon. La ciencia psicológica básica y aplicada detrás de estos métodos será presentada por estudiantes, terapeutas e investigadores a lo largo de la semana de la “Conferencia Mundial”, del 22 al 28 de Julio en la Universidad de Londres (véase www.contextualpsychology.org)
Por primera vez en la historia de la humanidad, estamos tratando de cuestionar ante toda una generación el mensaje “sentirse bien significa vivir bien”. No es cierto. Nunca lo ha sido. Y ahora estamos viendo los tristes resultados en nuestros hogares y en nuestras calles. Nuestra tarea como seres humanos es aprender cómo llevar nuestro dolor sin amplificarlo innecesariamente en forma de sufrimiento mientras creamos una vida basada en valores.
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Human Pain and Human Vitality - Spanish version
DOLOR HUMANO Y VITALIDAD
(Tomado del número correspondiente al 5 de Marzo de 2007 del Sunday Telegraph, de N.Y.)
Hace, aproximadamente, 30 años, tuve mi primer ataque de pánico. Alumno aplicado y de razonable éxito, pronto me encontré luchando para ser capaz de dar una clase, hablar por teléfono o utilizar un ascensor. Exteriormente, yo parecía tranquilo pero, por dentro, me sentía morir. Literalmente. Sentado a solas en un banco del parque, mi corazón latía a 165 pulsaciones por minuto mientras yo luchaba en mi batalla, no frente a un desafío físico que necesitara tal flujo sanguíneo, sino contra la maquinara verbal situada entre mis orejas.
Algunas de mis experiencias en la cumbre de aquella lucha me parecen ahora tan extrañas que sólo con dificultad puedo recordar la clase de pensamientos que originaban aquello. Comentaré uno, aún cuando sé que para muchos puede parecer incomprensible. Una azafata de vuelo se encontraba en la parte delantera del avión explicando cómo utilizar los cinturones de seguridad. Yo observaba con una sensación de asombro e incredulidad, como se podría observar una proeza atlética durante las Olimpiadas. Recuerdo pasárseme por la cabeza “¡¿cómo puede esta mujer estar haciendo eso sin sentirse totalmente aterrada?! ¡Tiene que estar ahí, diciendo esas cosas concretas y tienen que estar ahí, delante en un avión lleno de gente!”
Cada cual compara su interior con el interior de los demás y nuestra imagen de la condición humana siempre queda distorsionada como resultado. Esa diferencia es lo que nos hace creer que tenemos derecho de nacimiento a estar psicológicamente saludables, felices y despreocupados –y que "sentirse bien" es la medida de una vida “bien vivida”. Intereses comerciales están también encantados de contribuir a esta visión, asegurándonos que estaremos más cerca de ese objetivo a través del coche adecuado, la vivienda o las vacaciones ideales. La industria farmacéutica nos proporcionará la píldora adecuada, los medios de comunicación la última terapia para “sentirse bien” y el bar local, dos cosas: la cerveza perfecta y el lugar idóneo para encontrar a nuestra pareja ideal. Aparentemente, sólo las personas “anormales” sufren.
El exterior de los otros proporciona sólo una evidencia superficial sobre la validez de este punto de vista. Pero ¿y si cada uno tuviera su secreto? ¿Y si lo gracioso fuera que todos tuviéramos el mismo?
Lo cierto es que casi toda la gente sufre en algún momento de su vida buena parte del tiempo. Es difícil ser totalmente humano. Casi todos lucharán y sufrirán y encontrar métodos fáciles para sentirse bien tiene poco que ver con llevar una vida significativa, valiosa y vital.
Cualquiera que lea las publicaciones populares, independientemente de lo voluminosa que pueda ser la literatura científica sobre este tema, probablemente entienda que los problemas humanos son omnipresentes en el mundo desarrollado. Pocos, sin embargo, parecen hacer frente a las implicaciones de tales estadísticas consideradas en su conjunto. Más del 30% tendrá algún desorden psiquiátrico a lo largo de su vida. Cerca del 50% tendrá que luchar contra ideas de suicidio durante dos semanas o más. Las tasas de divorcio alcanzan niveles semejantes y los segundos matrimonios no resultan mejor que los primeros, y las relaciones que permanecen, a menudo están empobrecidas o vacías. Si añadimos las tasas de abuso emocional o físico, los problemas sexuales, la soledad, el ‘burnout’, problemas con los niños, u otros 100 problemas semejantes, tenemos que considerar la posibilidad de que el dolor humano es casi universal. En efecto, es anormal ser ‘normal’. La ñoñería de la moderna “sentirsebienitis” es, sencillamente, falsa.
Ese fue mi punto de partida hace 25 años. Incapaz de controlar mi ansiedad, hundiéndome cada vez más en mis desórdenes de pánico mientras trataba de conseguir ese control, empecé a explorar cómo sería aproximarme a aquello contra lo que estaba luchando y evitando con tanta fuerza. Empecé a investigar si mis enemigos serían los elementos emocionales o cognitivos, o la propia lucha en sí misma
Ahora sabemos que una de las cosas más patológicas que puede hacer un ser humano es tratar de evitar sus propios pensamientos y sentimientos y asociar sus conductas abiertas a este intento de evitación. Investigadores como Frank Bond (Universidad de Londres) han descubierto que la inflexibilidad psicológica que resulta de tales esfuerzos produce malos resultados casi en cualquier lugar que miremos. Predice más ansiedad, depresión, preocupación y trauma. Debilita nuestra posibilidad de aprender cosas nuevas, de disfrutar del trabajo, de tener intimidad, o incrementa las posibilidades de una enfermedad física. Lance McCracken (Universidad de Bath) ha demostrado que esos procesos predicen más incapacidad aún debido al sufrimiento crónico que acumulan al dolor o a la herida en sí mismos.
Dirigida hacia fuera, la mente humana es altamente eficaz. Podemos predecir el futuro y recordar el pasado; podemos evaluar resultados basados en posibles cursos de acción imaginados. Han sido estas capacidades simbólicas de solución de problemas las que nos han conducido a dominar el planeta a pesar de ser débiles, lentos y vulnerables. Pero estas mismas habilidades también nos enredan en una lucha innecesaria con nuestros propios pensamientos y sentimientos.
Si no queremos tener polvo en el suelo, podemos pasar la aspiradora y el polvo habrá desaparecido. En cambio, si no queremos tener un recuerdo doloroso y tratamos de no pensar en él, lo estaremos situando más en el foco de nuestra atención, con mayor frecuencia y con mayor impacto. Si tememos una futura escasez de alimentos, podemos empezar a cultivar plantas con las que alimentarnos. Pero si a lo que tememos es al sufrimiento producido por un futuro ataque de pánico y tratamos de evitarlo, estaremos trayendo a nuestro presente ese sufrimiento imaginado y amplificando su papel en nuestra vida.
La mente humana, en efecto, se ha convertido en su propio dueño, simplemente dejándole hacer lo que hace normalmente pero en terrenos equivocados.
Pero esto no es necesario. Hemos desarrollado métodos para entrenar a la gente en alternativas saludables: aceptar los sentimientos y ser consciente de nuestros pensamientos sin discutir con ellos, centrándonos, en cambio, en el presente de una manera más plena y consciente, centrándonos en valores y emprendiendo hachones que nos muevan en esa dirección. Por ejemplo, si está presente el pensamiento “soy malo”, tratar de combatirlo sólo nos confirma que hay algo inaceptable para nosotros. En nuestra aproximación, podríamos –por ejemplo- decir en voz alta “malo” cien veces o ponerle música a ese pensamiento o imprimirlo en una camiseta y llevarla puesta, o formularlo con la voz de nuestro político menos simpático. Como en la película “Una mente maravillosa”, este pensamiento debilitado se puede convertir de buena gana en acciones valiosas tales como convertirse en una persona amable o colaborar con los demás.
Investigaciones controladas muestras que estos métodos son útiles en áreas tan diversas como la ansiedad, ‘burnout’ manejo de la diabetes, fumar, dolor y depresiones entre otras severas. Me refiero a estos conceptos y técnicas en “Get Out fo Your Mind and Into Your Life” (New Harbinger, 2005) que fue el número uno de ventas en libros de auto ayuda la semana pasada en los Estados Unidos en Amazon. La ciencia psicológica básica y aplicada detrás de estos métodos será presentada por estudiantes, terapeutas e investigadores a lo largo de la semana de la “Conferencia Mundial”, del 22 al 28 de Julio en la Universidad de Londres (véase www.contextualpsychology.org)
Por primera vez en la historia de la humanidad, estamos tratando de cuestionar ante toda una generación el mensaje “sentirse bien significa vivir bien”. No es cierto. Nunca lo ha sido. Y ahora estamos viendo los tristes resultados en nuestros hogares y en nuestras calles. Nuestra tarea como seres humanos es aprender cómo llevar nuestro dolor sin amplificarlo innecesariamente en forma de sufrimiento mientras creamos una vida basada en valores.
Steven C. Hayes
Universidad de Nevada, Reno
Thanks!
Wow, this is a translation I assume? This is great! Can I put it into a word document and attach it on a child page?
Yes, it is a translation
Yes, it is a Spanish translation and, of course, you can do anything you like with it. I will be very pleased.
Ramiro